Música de sábado por la tarde
Mahler le dedicó a Alma la octava sinfonía, enfermo , no mucho antes de morir y con su matrimonio ya dañado. También se la llama sinfonía de los mil , porque requeriría mil personas para ejecutarla si se representara como él la compuso. Una primera parte en latín, otra inspirada en Goethe (Fausto) evoca ( es subjetivo, a mi me evoca) un estado efímero de deslumbramiento por la naturaleza y la vida. La inevitable temporalidad y los momentos de trascendencia y su inutilidad, pero también la belleza necesaria de la impotencia frente a la inaprensibilidad del mundo se sienten en pasajes melancólicos de violín y soprano,( Heather Parker y Lucia Popp) el tenor( Rene Kollo) en la versión de Solti, con la Chicago Simphony, emociona desde la distancia, en ocasiones transmitiendo desgarro y gozo. Sello London, oferta de todas las sinfonías, incluso con el primer movimiento de la décima, único que pudo escribir antes de morir. Muy recomendable.