El viernes el Real estaba casi lleno, el tema y la ópera complejos para un público clásico, no obstante ahí estaban. Berg escribe esta segunda y última ópera con la técnica dodecafónica, evitando los centros tonales, idea de Schömberg desarrollada como propuesta de cambiar la composición clásica.
Antes de morir Alban Berg había escrito dos actos y partes del tercero, su esposa Helene decidió que nunca se escribiera el tercer acto y así lo dispuso en su testamento. Prueba de que las últimas voluntades se suelen incumplir es que muerta Helene, los editores de la obra de Berg, Universal Editions, encargaron el tercer acto a Friederich Cerha.
Hemos visto la obra así completada Berg-Cerha : música excelente, puesta en escena minimalista, sombras y mamparas. Una sola mujer Lulu, interpretada por Agneta Eichenholzs es la clave de la obra , Agneta es la obra. Magnífica actriz dotada de un voz llena de matices nos transmite la decadencia de Lulú, con una mirada entre perpleja y estupefacta que con una resignación teñida de fatalidad se somete al deterioro de su vida sin poner en juego principios morales, pero con tristeza por los cambios y por su previsible final, una cierta melancolía que tiene que ver con la comparación con los antes y con su tiempo, con su irrefrenable lento e inexorable transcurrir y terminar. La mirada perdida de Agneta - Lulú del tercer acto es inolvidable.
Antes de morir Alban Berg había escrito dos actos y partes del tercero, su esposa Helene decidió que nunca se escribiera el tercer acto y así lo dispuso en su testamento. Prueba de que las últimas voluntades se suelen incumplir es que muerta Helene, los editores de la obra de Berg, Universal Editions, encargaron el tercer acto a Friederich Cerha.
Hemos visto la obra así completada Berg-Cerha : música excelente, puesta en escena minimalista, sombras y mamparas. Una sola mujer Lulu, interpretada por Agneta Eichenholzs es la clave de la obra , Agneta es la obra. Magnífica actriz dotada de un voz llena de matices nos transmite la decadencia de Lulú, con una mirada entre perpleja y estupefacta que con una resignación teñida de fatalidad se somete al deterioro de su vida sin poner en juego principios morales, pero con tristeza por los cambios y por su previsible final, una cierta melancolía que tiene que ver con la comparación con los antes y con su tiempo, con su irrefrenable lento e inexorable transcurrir y terminar. La mirada perdida de Agneta - Lulú del tercer acto es inolvidable.